Existen, en el ser humano, una serie de fenómenos rítmicos que regulan las funciones fisiológicas del organismo, haciendo que se repitan cada 24 horas. Son los llamados ritmos circadianos, los cuales se regulan a través de mecanismos internos (principalmente la temperatura corporal y el ciclo sueño-vigilia) y de mecanismos externos (principalmente el ciclo luz oscuridad). En consecuencia, las personas han establecido una relación de fase estable entre la ritmicidad determinada endógenamente (reloj biológico) y la determinada exógenamente (reloj social).

Derivado del estudio de estos ritmos circadianos, se proponen distintos tipos de “personas” según su tipología circadiana.  Existen tres tipos de “cronotipos”; el matutino, el vespertino, y el intermedio o indiferenciado. Las personas matutinas prefieren realizar sus actividades durante la mañana, mientras que las personas vespertinas prefieren realizarlas por la tarde, las intermedias no muestran una clara preferencia por la mañana o la tarde. Las personas matutinas empiezan a estar cansadas al mediodía, se acuestan pronto, se duermen rápidamente y se levantan por la mañana en forma; las personas vespertinas tienen su mejor rendimiento al final del día, se acuestan relativamente tarde y se despiertan cansados por la mañana. Además, las personas matutinas son más organizadas y sistemáticas, mientras que las personas vespertinas manifiestan características de personalidad relacionadas con la creatividad y la innovación.

Por otro lado, existen ciertas características en las personas que pueden influir en la matutinidad-vespertindad. La edad y el sexo son dos de las más importantes, parece que la matutinidad aumenta con la edad (especialmente a partir de los 50 años), y que las mujeres tienden en mayor medida a la matutinidad. De todas formas, se ha demostrado que esta tendencia en las mujeres está relacionada con las hormonas sexuales (la tendencia a la matutinidad en las mujeres sólo ocurre durante sus años reproductivos).

Derivado de todo lo anterior, algunos investigadores han estudiado las consecuencias del “desajuste” entre el reloj interno y el reloj social que rige la vida de las personas, llamado “jetlag social”. A menudo, las personas acumulamos “deudas de sueño” durante la semana (por horarios de trabajo, escuela o trabajo doméstico) que se compensa alargando el sueño durante los días libres. El promedio suele ser de una hora más en los días libres.

En conclusión, el “jetlag social” supone una problemática actual de la salud de las personas. Se ha relacionado este desajuste con la ansiedad y el estrés propios de la sociedad en la que vivimos, y con un mayor abuso de sustancias. En consecuencia, es importante realizar más investigaciones que den cuenta de los problemas específicos de salud (en hombres y mujeres) que pueda estar provocando este desajuste entre el reloj interno y externo.

Este tema ha sido más estudiado en población adolescente, sin embargo los horarios de trabajo y la carga familiar que “sufre” la población adulta, actúan como mecanismos externos muy potentes que influyen enormemente en el fenómeno del “jetlag social”.

Por esta razón, es importante realizar investigaciones que analicen cómo influyen los mecanismos externos de control rítmico, en concreto los horarios laborales y los hábitos cotidianos familiares (tareas del hogar y cuidado de los hijos), en el llamado “jetlag social”.

Ainhoa Ayuso Angulo, Graduada en Psicología por la UCM y alumna del Máster Mujeres y Salud está llevando a cabo un estudio sobre hábitos y salud en la pareja para conocer más sobre el jet lag social.

Puedes participar en el estudio rellenando el cuestionario on-line: https://docs.google.com/forms/d/1LF_T-4bTQ8PFqBet5zCGEiFYaeQRaK159DJRKF_VA9Q/viewform

Si indicas un pseudónimo, trascurridas unas semanas, podrá consultar sus resultados, que aparecerán publicados de modo anónimo en https://www.ucm.es/psicologiadiferencialydeltrabajo/diaz-morales-juan-francisco (hábitos y salud en la pareja).

Gracias por tu participación.

 

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