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La neumonía o pulmonía es una enfermedad asociada con el frio y el invierno. Se trata de una de las afecciones respiratorias más graves en niños y ancianos. En todo el mundo, la neumonía mata a más personas que cualquier otra enfermedad infecciosa, alrededor de 3,1 millones de personas al año. Según UNICEF, más de 2,500 niños al día mueren de neumonía en todo el mundo, la mayoría de ellos menores de 2 años, lo que la convierte en la principal causa de muerte entre los más pequeños. Esta página recoge la información más relevante sobre neumonía.

¿Qué es Neumonía?

El significado de neumonía (del griego pneumonía) es enfermedad del pulmón.  Esta es la definición de neumonía que podemos encontrar en el diccionario: Inflamación del pulmón o de una parte de él producida generalmente por el neumococo. La definición de neumonía en Wikipedia es bastante parecida: una enfermedad del sistema respiratorio que consiste en la inflamación de los espacios alveolares de los pulmones.

En conclusión, la neumonía es una infección que causa inflamación en uno o ambos pulmones y puede ser causada por virus, bacterias, hongos u otros microorganismos. Niños pequeños y mayores de 65 años son los más propensos a sufrir la enfermedad, así como las personas con problemas de salud. Cuando la neumonia afecta a los dos pulmones se habla de neumonía bilateral; cuando solo afecta a un lóbulo del pulmón, es neumonía lobular

El contagio se produce por vía aérea, cuando una persona respira pequeñas gotas que contienen organismos causantes de neumonía. También puede ocurrir cuando bacterias o virus que normalmente están presentes en la boca, nariz y garganta ingresan a los pulmones.

La nariz humana y la vía aérea superior filtran los gérmenes y las partículas del aire; sin embargo, los gérmenes a veces consiguen entrar en los pulmones y causar infecciones. Es más probable que esto ocurra si el sistema inmunológico está debilitado debido a una lesión o enfermedad o si la vía respiratoria natural ha sido derivada por un tubo de traqueostomía. Cuando los gérmenes llegan a los pulmones éstos se inflaman, infectan y reaccionan produciendo secreciones, fluidos y pus y el resto de síntomas de la neumonía.

La neumonía también puede producirse por la inhalación de sustancias tóxicas. En casos más raros, la neumonía puede ser causada por inhalar el contenido de su estómago después de vomitar. Esto causa neumonía química y puede provocar que los microorganismos pasen a los pulmones.

¿Cuáles son los síntomas?

La neumonía clásica comienza repentinamente con ataques de temblores, fiebre, dolores en el pecho y tos. Estos primeros signos pueden parecer un resfriado o gripe grave, pero se diferencia de ellas por su rápida progresión.  Los síntomas característicos de la pulmonía son:

Tos: que es seca al principio, pero en un día o dos viene acompañada por esputos que pueden ser amarillos, manchados de sangre o de color óxido.

Problemas respiratorios: la respiración se vuelve muy trabajosa y por lo general es rápida y superficial. El paciente puede jadear e incluso ponerse azulado por la falta de oxígeno. También puede haber dolor al respirar profundamente o al intentar toser. Esto puede significar que la inflamación se ha extendido a las membranas que cubren los pulmones

Herpes: A medida que la infección progresar, puede aparecer un brote grave de herpes labial (herpes simple). Esto significa que el sistema inmune se está descomponiendo y ya no puede defender al cuerpo contra la infección.

Otros síntomas: las personas mayores pueden sentirse confundidas.

La neumonía puede ser difícil de diagnosticar porque los síntomas son muy similares a la bronquitis, un resfriado fuerte o el asma. Es posible que tenga que ver a su médico de cabecera más de una vez.

Los pacientes inmunocomprometidos y las personas con ciertas enfermedades crónicas tienen un mayor riesgo de desarrollar complicaciones, que incluyen:

  • Insuficiencia respiratoria que requiere ventilación mecánica.
  • Bacteriemia: Propagación de bacterias en la sangre.
  • Absceso pulmonar: Formación de una bolsa de pus en el pulmón.
  • Derrame pleural: Acumulación de líquido infectado en el revestimiento alrededor del pulmón.

Se trata de complicaciones graves que pueden acabar con la vida del enfermo.

Tipos de neumonía

En realidad la neumonía no es una enfermedad única sino muchas enfermedades diferentes, cada una causada por un microorganismo diferente, pero que causan síntomas muy parecidos. La neumonía puede deberse a una infección por bacterias, virus u hongos, incluyendo:

  • Virus de la gripe
  • Parainfluenza
  • Rinovirus
  • Virus Sincitial Respiratorio (VSR)
  • Streptococcus pneumoniae
  • Pneumocystis jirovecii
  • Metapneumovirus humano (HMPV)

Dependiendo de su origen, se consideran varios tipos de neumonía:

Neumonía bacteriana

La neumonía bacteriana es la más común en adultos. Las bacterias causantes más habituales son Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus y Haemophilus influenzae. Las personas que tienen neumonía viral tienen un alto riesgo de desarrollar también neumonía bacteriana.

Neumonía viral

Los virus son la causa más común de neumonía en niños menores de 5 años. Dichos virus incluyen el virus sincitial respiratorio (VSR), el paragripal y el virus de la influenza A. En adultos, las causas más comunes de neumonía viral incluyen Influenza A, Influenza B y RSV.

Por lo general, la neumonía viral causa una enfermedad menos grave que la neumonía bacteriana. Sin embargo, la neumonía relacionada con la influenza a menudo es grave o pone en peligro la vida, especialmente en pacientes con enfermedad pulmonar o afecciones cardíacas previas.

Neumonía fúngica

Los excrementos de pájaros y el suelo contienen hongos que pueden causar neumonía. Las personas con sistemas inmunológicos débiles son más susceptibles a esta forma de neumonía.

Neumonía ambulante

Cuando los médicos diagnostican a alguien con neumonía ambulante o caminante están hablando de una infección causada por un Mycoplasma pneumoniae. Los micoplasmas son microorganismos similares a las bacterias.

La neumonía caminante es más común entre las edades de 5 y 15 años, y representa el 70% de las neumonías en niños de 9 a 15 años. Como regla general, las infecciones por micoplasma pneumoniae no son muy contagiosas y son fáciles de tratar.

El inicio es a menudo tan gradual que puede que no se note al principio. Por eso se dice que el paciente puede “seguir andando” como si no estuviera enfermo. Los síntomas iniciales son los mismos que un resfriado, con bajada de energía, dolor de cabeza, secreción nasal, dolor de garganta y, en ocasiones, fiebre. A diferencia de un resfriado, los síntomas empeoran de forma gradual, con una tos cada vez más húmeda y ronquera a medida que la enfermedad se instala en el pecho.

Neumonía atípica

Se llama así porque los síntomas y el diagnóstico son un poco diferentes al de otras infecciones de las vías respiratorias inferiores; lo que hace que sea más difícil de detectar, pero no es una enfermedad rara. Las causas comunes de la neumonía atípica son:

  • Chlamydia psittaci
  • Chlamydia pneumoniae
  • Mycoplasma pneumoniae
  • Legionella pneumophila

Diagnóstico

Cuando el paciente acude a la consulta el médico repasa su historial médico y síntomas, y también realiza un examen médico con auscultación para escuchar los ruidos pulmonares (los pulmones con neumonía hacen ruidos anormales, como crujidos, retumbos o sibilancias).

Si hay sospecha de neumonía, pueden hacerse una o varias de las siguientes pruebas para verificar el diagnóstico:

  • Radiografía de tórax: proporciona una imagen del área pulmonar. Permite detectar y evaluar la gravedad de la infección.
  • Hemocultivos: detectan la presencia de bacterias en la sangre.
  • Análisis de esputo: se examina con un microscopio para determinar el tipo de infección.
  • Oximetría de pulso: mide el nivel de saturación de oxígeno en la sangre.
  • Muestras de líquido pleural (fluido que rodea los pulmones) se examinan en busca de evidencia de infección.
  • Broncoscopia: se realiza colocando una cámara delgada y flexible a través de la garganta hacia los pulmones para examinar las vías respiratorias y obtener muestras de secreciones respiratorias.
  • Tomografía computarizada (TC) del tórax: proporciona imágenes detalladas de los tejidos pulmonares. a veces se utiliza para detectar y evaluar una infección pulmonar y para buscar otras causas no infecciosas de los síntomas de una persona.

Tratamientos para neumonía

La causa de la infección determinará el tratamiento. Las infecciones bacterianas se tratan con medicamentos antibacterianos, las infecciones virales se pueden tratar con medicamentos antivirales. Cualquier tratamiento debe seguirse hasta el final, aunque los síntomas desaparezcan antes.

Si hay sibilancias o dificultad para respirar, se pueden recetar inhaladores o tabletas para tratar la inflamación que está causando estos síntomas. El paracetamol, tomado regularmente en las dosis recomendadas, es útil para tratar la fiebre y los dolores y dolores musculares.

En casos de neumonía grave es necesaria la hospitalización.

La recuperación completa de la neumonía se prolonga durante meses, pero la mejoría se nota mucho antes. Alguien con neumonía que se someta a tratamiento debería dejar de tener fiebre en una semana, notar menos dolor en el pecho y menos mucosidad en 4 semanas, dejar de toser y tener problemas respiratorios en 6 semanas. En tres meses la mayoría de los síntomas habrán desaparecido, pero el paciente aún puede sentir cansancio. En seis meses la vuelta a la normalidad debería ser absoluta.

Recomendaciones y consejos

Algunas formas de neumonía bacteriana se pueden prevenir con una vacuna, la antineumocócica, que suele administrarse a principios de otoño. Pero esta vacuna no protege contra la mayoría de los tipos de neumonía viral o la neumonía que las personas con baja inmunidad tienden a desarrollar.

Los colectivos para los que se recomienda la vacuna son:

  • Mayores de 65 años
  • Enfermos crónicos, como diabéticos o enfermos cardiacos.

La vacuna no está indicada para embarazadas, lactantes o niños menores de dos años.

En la mayoría de las personas, basta con una sola vacunación. Sin embargo, otros, incluidas las personas con mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave, pueden necesitar vacunarse por segunda vez.

La vacuna contra la gripe puede prevenir algunos tipos de neumonía viral. Dado que el virus de la gripe cambia de un año a otro, esta vacuna debe administrarse una vez al año para que sea eficaz.

Otras medidas de prevención se basan en evitar los microrganismos que provocan infecciones respiratorias, sobre todo el resfriado y la gripe. El lavado de manos y otras buenas prácticas de higiene son útiles para prevenir la neumonía y otras infecciones.

Si tienes neumonía se recomienda:

  • Descansar mucho
  • Beber líquidos en abundancia para evitar la deshidratación (agua o zumos)
  • Beber limón caliente con miel
  • No fumar
  • No beber alcohol
  • No tomar medicinas para la tos (no hay evidencia de ayuden en casos de neumonía)
  • No volver a trabajar antes de estar recuperado por completo

Preguntas frecuentes

¿Hay alguna diferencia entre pulmonía y neumonía?

No. Ambos términos se refieren a la misma enfermedad. En la actualidad el término pulmonía ha caído en desuso por considerarse erróneo y los médicos prefieren hablar de neumonía. Sin embargo, el termino pulmonía aun es ampliamente utilizado.

¿La neumonía es contagiosa?

Lo es, pero menos de lo que la gente suele pensar. Las personas que conviven con un enfermo de neumonía pueden contraer los síntomas normales de un resfriado, pero generalmente no progresan a neumonía.

Se necesita más que la exposición a un patógeno potencial para causar neumonía. Los microorganismos son una presencia constante en el medio ambiente y las personas encuentran fuentes de infección a diario. En la mayoría de los casos, los pulmones pueden manejar los ataques. El sistema respiratorio tiene capas de defensa inmune empezando por las mucosas que atrapan y eliminan muchos patógenos de las vías respiratorias. Los patógenos que atraviesan estas defensas iniciales son luego atacados por una serie de células del sistema inmunitario que identifican y engloban a los patógenos identificados como extraños para el organismo. La neumonía ocurre cuando estas defensas se debilitan o se dañan o cuando los patógenos invasores son lo suficientemente virulentos como para superarlos o evadirlos.

El desarrollo de una neumonía no está determinada por la infección por un virus o bacteria, sino más bien por la susceptibilidad de cada persona en sus propios pulmones. Las personas en mayor riesgo de que una infección respiratoria acabe desembocando en neumonia son:

  • Niños y ancianos
  • Fumadores, en especial los que desarrollan bronquitis crónica o enfisema.
  • Pacientes con un sistema inmune débil, por ejemplo, personas con VIH.
  • Enfermos crónicos, especialmente aquellos con enfermedades cardíacas, asma o diabetes.
  • Personas a quienes se les ha extirpado el bazo.
  • Alcohólicos, cuyo sistema inmunitario se habrá debilitado a lo largo de los años como resultado del abuso del alcohol y la mala nutrición.

¿Cómo se diferencia la neumonía de una gripe o un resfriado?

Muchos de los síntomas de la neumonía se asemejan a los de un resfriado o la gripe. Entonces, ¿cómo se nota la diferencia?

Por regla general, los resfriados tienden a aparecer con bastante lentitud, y suelen acompañarse de secreción nasal y dolor de garganta. Si a esos síntomas les añadimos fiebre, dolores corporales y dolor de cabeza, es posible que hablemos de gripe. La neumonía suele ser una complicación del resfriado o la gripe, cuando la enfermedad se aloja en los pulmones.

Si su neumonía es causada por un virus, los síntomas serán similares a los de la gripe durante los primeros días: tos seca, fiebre, dolor de cabeza, escalofríos, fatiga extrema, falta de apetito y dolor y debilidad muscular. Pero luego la tos empeorará y producirá moco, la fiebre aumentará y la respiración empeorará. Es posible que el enfermo sienta un dolor en el pecho agudo o punzante, y los labios pueden ponerse azulados.