vacunas antigripales

A pesar de que los avances médicos han convertido la gripe en una enfermedad casi inofensiva e la mayoría de los casos, no siempre fue así. Hace no muchos años las epidemias de gripe se llevaban por delante cientos o incluso miles de vidas cada año. Por suerte, aparecieron las vacunas antigripales, que redujeron de forma espectacular los daños causados por la gripe.

¿Cómo se descubrieron estas vacunas? A continuación hacemos un breve repaso por su historia.

Historia de las vacunas antigripales

Durante el siglo XIX, la gripe se atribuyó a la acción de Haemophilus influenzae, que había sido aislado de pacientes con gripe y neumonía. Sin embargo, el aislamiento del virus influenza A en 1933 llevó a la identificación de los influenzavirus como los causantes de esta enfermedad. Las vacunas de primera generación (años cincuenta) eran suspensiones de virus enteros inactivados mediante procedimientos químicos.

En la siguiente década aparecieron las vacunas de segunda generación (split-virus), hechas con virus fraccionados desintegrados mediante disolventes o detergentes.

En 1976 se comercializan las vacunas de tercera generación o vacunas de subunidades compuestas de antígenos de superficie purificados. Por último, a partir de 1997 se cuenta con las vacunas de cuarta generación compuestas por subunidades fijadas a un adyuvante que potencia la respuesta inmunitaria. Actualmente es posible producir vacunas usando tecnología de DNA recombinante.

Perspectivas de futuro de las vacunas antigripales

Las vacunas antigripales convencionales tienen una serie de limitaciones: ciclo de producción largo y complejo, capacidad de producción limitada, posibilidad de inducir respuestas de hipersensibilidad en individuos alérgicos a los productos de huevo, y baja inmunogenicidad para conseguir respuestas generales de neutralización. En consecuencia,  se están explorando las posibilidades de las vacunas  basadas en proteínas recombinantes o péptidos sintéticos, los vectores virales que codifican antígenos de influenza, las vacunas de ADN, y las vacunas virosomales con partículas similares al virus (VLP) que contienen proteínas HA y NA.

Las secuencias conservadas de M2, HA y otras proteínas del virus de la gripe A han servido de base para el desarrollo de vacunas contra la gripe universal. Mediante la combinación de múltiples epítopos conservados de diferentes proteínas víricas se espera inducir una mayor inmunidad y mejorar la eficacia protectora cruzada contra virus de influenza A divergentes.

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