Seguimos con nuestro breve repaso por la historia de la hemodiálisis. Si no has visto la entrada anterior, por favor, lee ahora los inicios de la historia de la hemodiálisis:

Historia de la hemodiálisis a mediados del siglo XX

En 1955 la HD estaba implantada en pocos hospitales y sólo en casos excepcionales ya que muchos la consideraban un procedimiento experimental laborioso, caro y peligroso. Sin embargo la utilización exitosa de esta técnica en numerosos casos de insuficiencia renal aguda propició un nuevo impulso para su desarrollo.

La aplicación de la HD en pacientes con IRC tuvo que esperar hasta 1960. En ese año Scribner implantón el primer bypass externo, construido con finas paredes de teflón. El bypass de Scribner era una cánula en forma de U que conectaba los vasos a nivel de la muñeca (arteria radial y vena cefálica o arteria cubital y vena basílica) a través de  un puente externo de material sintético (fístula arteriovenosa externa) permanentemente instalado, de modo que el riñón artificial pudiera ser conectado tan a menudo como fuera necesario. El bypass fue diseñado de modo que, cuando no estaba en uso, su cánula sirviera como una extensión del sistema circulatorio: la sección en forma de U conducía la sangre de la arteria de vuelta a la vena. Cuando se hacía la diálisis, la parte en forma de U podía desconectarse y la arteria y la  vena conectarse al riñón artificial. El bypass se podía utilizar de inmediato y no requería puncionar los vasos, pues la desconexión del puente permitía extraer la sangre por la rama arterial, que tras pasar por el dializador, una vez purificada, volvía por la rama venosa al paciente.

La aparición del bypass de Scrib posibilitó el acceso repetido a la circulación sanguínea y el nacimiento en 1961 del primer programa de hemodiálisis periódica siendo creada en Seattle (en el hospital de la Universidad de Washington) la primera unidad de hemodiálisis ambulatoria. Se había conseguido estandarizar un procedimiento para sustituir la función depuradora del riñón y evitar la muerte de los pacientes con insuficiencia renal crónica y en pocos años se crearon numerosas unidades de hemodiálisis.

A pesar de ello el problema de encontrar un acceso vascular adecuado no se había resuelto por completo ya que el bypass de Scrib limitaba los movimientos del paciente, requería una limpieza meticulosa y presentaba frecuentes infecciones y trombosis. Estos problemas fueron resueltos en 1966 cuando Cimino y Brescia describen la fístula arteriovenosa interna (FAVI), que permite obtener un flujo sanguíneo adecuado, presenta baja incidencia de procesos infecciosos y trombóticos y es bien tolerada por el paciente.

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